El urbanismo en los tiempos del coronavirus

por Paisaje Transversal
 
Con la desescalada llega poco a poco “la vuelta a la normalidad”. O a la “nueva normalidad” si lo prefieren. Pero la crisis del coronavirus ha puesto en evidencia las grandes debilidades de nuestras ciudades, de nuestro sistema económico, social, cultural. Si la ciudad “normal”, desigual e insostenible, no funcionaba, aprovechemos este punto de inflexión para transformarla;  entendamos que el escenario pos-COVID-19 puede suponer una gran oportunidad para reconstruir ciudades y territorios más resilientes, responsables y equilibrados.
 
No estamos inventando nada nuevo, los debates en torno a la sostenibilidad de las ciudades llevan muchos años proponiendo alternativas, pero ahora, desde este estado excepcional que transitan nuestras ciudades, parece que un nuevo modelo urbano puede hacerse realidad. La pandemia ha traído un aumento de la conciencia social y política para el cambio y ha puesto el foco en la proximidad, la adaptabilidad y la flexibilidad de unas ciudades en las que las personas -y su salud- sí puedan estar en el centro de su diseño.
 
 
El estado de alarma y el confinamiento nos han dado tiempo y espacio para reflexionar.  Las ciudades llevan semanas en un limbo, las hipótesis vuelan y  hemos comenzado a imaginar futuros posibles.  Es el momento de recuperar el pensamiento crítico y complejo y de huir de las visiones parciales y sesgadas a las que nos empujaba la emergencia, tiempo de comenzar a analizar datos e indicadores y proponer medidas pensando tanto en la desescalada que ahora comenzamos como en el (no tan) nuevo modelo de ciudad que queremos a largo plazo. Tenemos el gran reto de que las nuevas medidas no incidan, aún más, en las grandes desigualdades urbanas.  Aquí apuntamos algunos aprendizajes que nos dejan los días de confinamiento,  que consideramos que deben tenerse en cuenta en el urbanismo poscoronavirus.
 
Como apuntábamos, muchas de las cuestiones que están en el debate urbanístico actual y que aquí recogemos, no son nuevas ni pueden considerarse como contigentes. Muchos de estos aprendizajes que la pandemia ha hecho patentes (más si cabe) llevan años siendo reclamados por muchísimas voces y profesionales del urbanismo. Pero tal vez, en este año cero de la denominada “década de las ciudades”, la ventana de oportunidad que se abre para ponerlas en práctica y promover el cambio de paradigma urbano es demasiado grande como para no atravesarla de una vez por todas.
 
A continuación enumeramos algunas propuestas y estrategias que los municipios pueden poner en marcha para adaptarse a este nuevo escenario.
 
1. Acabar con las desigualdades 
 
La pandemia no debe hacernos cuestionar la densidad de nuestros tejidos urbanos. Las zonas suburbanas poco densas, sin acceso a servicios y comercios y dependientes del coche, no han demostrado estar exentas de riesgos. Porque no es en la densidad donde está el riesgo, -siempre que contemos con espacios públicos, equipamientos y servicios acorde- el riesgo está en el hacinamiento. Será un gran reto acabar con las distintas vulnerabilidades –urbanas, residenciales, socioeconómicas-  que, como veíamos  en las cartografías del confinamiento que publicamos,  tanto marcan algunas ciudades, así como con otras problemáticas sistémicas que encrudecen los momentos de crisis: soledad no deseada, viviendas de baja calidad, pobreza energética, violencias de distinto tipo, etc.
 
La desigualdad de nuestras ciudades se percibe también en el diseño urbano y cobra protagonismo con el desconfinamiento. La calidad del espacio público es más importante que nunca: la amplitud de las aceras, la superficie de espacio público por habitante, el nivel de verde urbano, el paisaje, el acceso a parques y zonas verdes (para cuando sea posible pasearlos) son indicadores urbanos que varían enormemente entre unos barrios y otros, sobre todo en las grandes ciudades, y que van a afectar la desescalada.
 
Las desigualdades de género son otro factor que entra en juego cuando valoramos los impactos de la COVID-19, en muchos casos unidas a desigualdades económicas o raciales. Podemos pensar en la precariedad vinculada a los trabajos de cuidados –ahora trabajos de riesgo- que siguen recayendo mayoritariamente en mujeres, en los distintos tipos de a violencia machista, en la sensación de inseguridad en el espacio público que ha incrementado el confinamiento, al haber menos ojos en la calle, etc.
 
 
2. Repensar la vivienda 
 
Toca replantear la vivienda, por un lado, como derecho fundamental (enfrentar la inestabilidad, la dificultad de acceso, los precios abusivos, etc.) y por otro, reformular sus parámetros de diseño. Tal vez sea el momento de frenar la  tendencia a producir espacios domésticos cada vez más limitados,  de reafirmar la necesidad de vínculos directos entre la vivienda y  el espacio público y comunitario o de facilitar la diversidad de familias y de usos.
 
La implementación de políticas públicas que pueden apoyar la rehabilitación del parque de vivienda existente es complicada, por sus elevados costes y por la inversión necesaria, pero merece estar presente en el debate. Es interesante reformular también la función de espacios comunes, como las azoteas y, por qué no, la obligatoriedad de balcones.
 
 
3. Fortalecimiento de los servicios públicos 
 
Es probablemente uno de los aprendizajes más claros: debemos fomentar y fortalecer los servicios públicos, sus recursos y mejorar su gestión. Pero no sólo de cara a prever nuevas situaciones de similar naturaleza sanitaria, sino como un mecanismo imprescindible para acompañar las medidas del después. Porque solo a través de una fuerte red de dotaciones públicas, distribuida en el territorio, podremos garantizar la cobertura de necesidades y el acceso a los servicios de toda una población afectada por las consecuencias de una crisis cuyas repercusiones tendrán naturaleza múltiple: social, económica, educativa, cultural, etc.
 
Sería interesante preparar los servicios públicos para que sean más flexibles, con espacios multifuncionales adaptables a circunstancias y necesidades cambiantes. También, repensar el papel de la ciudadanía en su funcionamiento: reforzar la participación voluntaria,  la cooperación y el compromiso social para abordar momentos excepcionales. Estos modelos de gestión más participativos o comunitarios de los que hablamos son el eje de proyectos como Harinera ZGZ o la Unió de Cooperadors.
 
 
4. Nuevos modelos productivos y de consumo 
 
Con la crisis sanitaria, la crisis económica; llega el momento de coger impulso reforzando más que nunca un modelo de producción y consumo responsable, sostenible y saludable en nuestras ciudades: fomentar la economía verde, acercar la producción actualmente deslocalizada en muchos sectores, diversificar y evitar la hiperdependencia de sectores como el turismo, son algunas de las medidas que pueden encaminarnos a territorios más resilientes, además de sostenibles. Esta pandemia deja en evidencia, una vez más, la fragilidad  de los modelos urbanos basados mayoritariamente en el turismo
 
A escala local, apoyar el pequeño comercio de proximidad, la diversidad urbana, las redes de proximidad y aquellas que conectan las urbes con los territorios productivos rurales, será imprescindible.  Conviene, también,  retomar la discusión en torno a la soberanía alimentaria, energética e industrial en nuestras ciudades. Distintas políticas públicas pueden acompañar: planes de dinamización y revitalización económica de barrios, líneas de financiación para consolidar el comercio local, capacitación en estrategias de e-commerce o programas para aumentar la conciencia social hacia el consumo de proximidad, más aún en momentos de crisis. Será muy difícil, además, competir con el comercio por Internet, tan en auge estos días.
 
Además, es importante reflexionar sobre la dependencia exterior de bienes de consumo básicos: alimentos, energía y material sanitario, entre otros. Desde luego es necesario, ahora más que nunca, plantear estrategias encamindas al autoabastecimiento local de este tipo de bienes de consumo a través de estrategias agroalimentarias ecológicas que fomenten la producción de proximidad, el impulso de las de energías renovables a escala local (un buen ejemplo lo encontramos en el parque fotovoltaico de ARASUR) y  la recuperación de la industria (limpia, innovadora, 4.0) de nuestras ciudades mediante estrategias de renovación de polígonos como base para este modelo productivo. De esta manera no solo conseguiremos promover la economía si no que estaremos contribuyendo a la resiliencia de nuestros territorios.
 
Desde hace tiempo hemos venido reivindicado la necesidad de establecer estrategias que nos permitan redefinir el modelo productivo de nuestras ciudades desde lo local, la innovación y la colaboración entre actores. Y en consecuencia con lo que hemos dicho, este modelo habrá de estar necesariamente basado en la capacidad de nuestras ciudades y territorios para para fomentar el autoabastecimiento comercial, alimentario, energética e industrial.
 
 
 
5. Equilibrio territorial y descentralización
 
Tal vez la salida de esta crisis traiga consigo un cambio en las dinámicas poblacionales de los últimos años. El teletrabajo, ligado a un impulso de las áreas rurales, pueblos y de las pequeñas y medianas ciudades puede revertir la lógica atractiva de las grandes urbes, amainando la presión residencial que sufren y combatiendo la despoblación en el resto del territorio.
 
Indudablemente el impacto que el Real Decreto del Estado de Alarma a la hora de limitar la movilidad ha tenido, es también una muestra de cómo poner en práctica otras maneras de “inmovilidad” más sostenibles a la par que puede abrir la puerta al reequilibrio territorial y a la reversión de despoblación y envejecimiento de la España vaciada.
 
 
6. Impulso de la participación activa
 
El auge de las iniciativas ciudadanas, organizadas o espontáneas, que estamos viviendo estos días debe apoyarse y mantenerse. Ayudan a mejorar la calidad de vida de muchas personas, humanizan nuestras ciudades y nos hacen más resistentes. En estos momentos de incertidumbre, los vínculos comunitarios nos dan seguridad, nos recuerdan que no estamos solas en esta crisis y nos permiten imaginar soluciones colectivas.
 
La crisis sanitaria del coronavirus también ha permitido perfilar y visibilizar una nueva cultura de la solidaridad que no puede quedar en flor de un día. Las ciudades deben aprovechar este impulso ciudadano para promover políticas activas de implicación y corresponsabilidad en el diseño de la ciudad del pos-COVID.
 
 
 
7. Espacios públicos saludables
 
Ahora, la salud de la población ocupa el centro de todas las medidas públicas. El urbanismo pos-COVID tendrá también el gran reto de convertir nuestras ciudades en ciudades saludables. Y esto, como ya hemos apuntado en alguna ocasión, es una cuestión multifactorial que requiere de abordajes integrales.
 
Para ello debemos plantear transformaciones que nos permitan mejorar la calidad de los espacios públicos y las zonas verdes, aumentar la biodiversidad y la integración de la naturaleza  -el confinamiento nos está demostrando que es posible- reformular el espacio destinado al vehículo privado y mejorar la calidad del aire mediante restricciones al tráfico rodado.  Algunas propuestas interesantes pueden ser la incorporación de las soluciones basadas en la naturaleza (Nature Based Solutions, en inglés), la naturalización de los los barrios y los ejes de conexión peatonal a los bordes urbanos, habilitar y naturalizar solares no edificados, tanto públicos como privados, acondicionar espacios de proximidad poco cualificados como espacios públicos de calidad, o promover la práctica del urbanismo táctico como herramienta municipal. Son medidas factibles y fáciles de ejecutar, con inversiones poco elevadas.
 
Es importante recordar, más allá de la pandemia, cómo la planificación urbana y los modelos de movilidad influyen en la salud de la población: contaminación atmosférica, niveles de ruido, actividad física fruto de la movilidad activa en espacios con calidad ambiental, etc.
 
8. Nueva movilidad
 
Uno de los grandes retos de esta crisis va a ser hacer frente al uso innecesario del coche, fruto del miedo al contagio, así como adaptar el transporte público a los nuevos requerimientos. Como nos recuerdan expertos en movilidad, la elección del medio de transporte debería basarse en el riesgo de transmisión, los impactos sanitarios y ambientales y el acceso y uso del espacio. Será fundamental favorecer la proximidad, los tránsitos peatonales y los sistemas de movilidad sostenible (la bicicleta va a ser una pieza clave en la movilidad pos-COVID-19), dejando el transporte público de baja ocupación para los trayectos más largos, y el coche para las personas más vulnerables que no puedan utilizar otros medios de transporte.
 
Será imprescindible, también, evitar la necesidad de grandes desplazamientos, facilitada por el teletrabajo y la flexibilización de horarios. Tal vez estamos más cerca que nunca de la utopía de la slowcity y de una reestructuración de las horas destinadas al trabajo.
 
 
9. Urbanismo táctico
 
El urbanismo táctico como herramienta para implementar cambios reversibles en la ciudad se ha extendido ampliamente durante la última década y en España muchas ciudades ya lo han puesto en práctica. Aunque todavía no es una herramienta lo suficientemente extendida ni incorporada en las políticas municipales, sería de gran utilidad en el escenario pos-COVID y podría ser ésta una buena oportunidad para mostrar sus beneficios. 
 
Con la desescalada, el espacio público ha vuelto a convertirse en protagonista y las calles de nuestras ciudades están experimentando un cambio de uso espontáneo y radical. Estamos viviendo escenas que parecen sacadas de una utopía, donde las personas toman multitudinariamente el espacio que solían ocupar los coches: paseos y actividades deportivas en la calzada, zonas de aparcamiento para patinar, rotondas como nuevos espacios conquistados por la infancia… Espacios públicos que la población está redescubriendo y transformando con nuevos usos.
 
Las intervenciones de urbanismo táctico podrían  acompañar este fenómeno. El cambio de uso temporal del espacio público no requiere más esfuerzo que el de eliminar un porcentaje de usos excluyentes para dejar espacio a las personas, y este proceso podría mejorarse ofreciendo cualidades mínimas que favorezcan la actividad de personas diversas.
 
 
 
Como ya hemos comentado en alguna ocasión, la actual distribución del espacio  de nuestras calles es poco equitativo, hasta el punto que el 70% del mismo está destinado a los coches. En consecuencia, en la mayor parte de los caso las exiguas dimensiones de las aceras no permiten adaptarse a las medidas de distanciamiento social necesarias. Por lo tanto, se trataría de ampliar el espacio público de uso peatonal, dotándolo de elementos de accesibilidad, seguridad, habitabilidad, paisaje y diversidad de usos  para que también personas mayores, infancia o personas dependientes puedan disfrutar de él sin riesgo.
 
Y aquí el urbanismo táctico puede ser un gran aliado, y así lo están aplicando en ciudades como Berlín, Bogotá o Oakland. Además estas intervenciones también permitirán visibilizar otras formas de utilización del espacio público donde las personas tengan un papel predominante. Sin embargo, sería pertinente que este tipo de intervenciones ligeras y reversibles vayan acompañadas de una estrategia a largo plazo que permita impulsar proyectos de transformación del espacio público  más duraderos que pongan el foco en las personas y la naturaleza.
 
 
 

 

 
 
 
 
 
 

Más contenidos sobre COVID-19, ciudad y urbanismo

Durante estas semanas estamos publicando diferentes reflexiones y contenidos sobre el impacto del coronavirus en el futuro de nuestras ciudades y del urbanismo.


Puedes consultar estos contenidos en el siguiente enlace:
https://www.paisajetransversal.org/search/label/COVID-19


Además, desde el inicio del confinamiento estamos publicando artículos y contenidos a través de nuestra cuenta en Twitter @paistransversal. Puedes consultar el hilo que hemos creado donde los centralizamos aquí.

Créditos de las imágenes:

Imagen 1: Calle de Alfonso XII en Madrid el sábado 2 de mayo de 2020 (fuente: Paisaje Transversal)
Imagen 2: Cartografía del índice de vulnerabilidad por barrios de Madrid (fuente: Paisaje Transversal)

Imagen 3: Propuesta de mejora de las dotaciones públicas para la propuesta de la Plaza Cívica de San Blas (fuente: Paisaje Transversal) Imagen 4: Análisis urbano para la renovación del polígono industrial de Los Ángeles en Getafe (fuente: Paisaje Transversal) Imagen 5: Parque para la producción de energía solar fotovoltaica (fuente: Krean DB Energy) Imagen 6:  Iniciativa #OlaVeciñas (Fuente: @orianameinhof) Imagen 7: Propuesta para la redistribución del espacio público en el barrio de Amara Berri (fuente: Paisaje Transversal) Imagen 8: Transformación de Times Square en Nueva York mediante el urbanismo táctico (fuente: PPS)
Imagen 9: Distribución del espacio público de nuestras calles (fuente: Paisaje Transversal)

Artículos relacionados

Deja un comentario