Entrevista a Víctor Moreno, director del documental Edificio España

Por David Prieto

Edificio España ha resultado una verdadera revelación del nuevo cine documental español. Desgraciadamente notoria por el secuestro que el Banco Santander ejerció sobre la película, ha logrado desde su liberación una gran acogida de público y crítica. Pero como Víctor Moreno, director de la película, no se cansa de repetir esta no es una película de crítica fácil ni se comprende muy bien el motivo de la censura. Presenta, más que representa, el proceso de reforma integral de un edificio, truncado en la fase de vaciado, en un momento en el que comienza a desplomarse la economía del ladrillo. Con ello, la película sugiere —empezando por su título— una potente alegoría de la crisis inmobiliaria en España.

El edificio —con su futuro aún incierto— ha vuelto a protagonizar otra polémica en torno al proceso de remodelación integral, reavivado tras la compra del inmueble por parte del multimillonario chino Wang Jialin. Como es habitual en este tipo de ejercicios de economía especulativa, ha topado con la protección especial del edificio, y entrado en negociaciones para la modificación del Plan General de Ordenación Urbana. No es el único caso en el que el interés patrimonial se rebaja a los intereses financieros de una élite, la readecuación para dar pie al proyecto de Canalejas ha seguido el mismo camino.

Sin lugar a dudas la película de Víctor Moreno es una película interesante para reflexionar sobre la intersección entre arquitectura y memoria, también la relación entre espacio y sociedad. Pero antes que nada es fundamentalmente un fantástico registro audiovisual sobre el mundo del trabajo, en la dimensión cotidiana a través de la propia obra del edificio y también en un sentido amplio sobre la problemática que atraviesa el campo laboral en el contexto actual (temporalidad, migración, paro,…). Al mismo tiempo, como ha reflejado Luís E. Pares, también —como en otros trabajos de Víctor— sobre el propio trabajo de un cineasta.

La película podrá verse próximamente en los Cines Zoco de Majadahonda, en Lavapiés en el Café Kino y también el próximo 12 de junio —contando con la presencia del director— dentro del ciclo de cine Trabajo/No Trabajo organizado por Análisis Sol-15M en el CSOA La Morada (calle Casarrubuelos 5, Madrid).


«El edificio no se pierde de vista: es el contenedor de momentos, todo está pasando dentro» 

Entrevista con Víctor Moreno sobre el documental Edificio España



En primer lugar, me interesa saber ¿Qué te inquieta del edificio para filmar una película como esta?

Yo vivía cerca del edificio, y digamos que en cuanto tuve conocimiento de que iba a empezar un proceso de reforma integral pues impulsivamente decidí que ese proceso tenía que quedar registrado Tenía que hacerse una película sobre esa transformación. Por un lado me interesaba el edificio, como lugar emblemático de Madrid, es uno de los primeros rascacielos de España y Europa. Y también un poco la idea de toda la memoria que había quedado de alguna forma varada, todos esos espacios: sus oficinas, viviendas, hotel, galerías comerciales, etc... Quería generar  un registro documental, y así es como surge: impulsivamente.

¿Y qué buscabas reflejar de ese proceso de transformación?

Pues mira cuando yo entre, entre muy cercano al edificio. Lo primero que quería hacer, estaba obsesionado con un registro, un inventario de todos los espacios del edificio. La primera semana me dedique a recorrer todo el edificio y grabar todos y cada de uno de los lugares. Y con la particularidad de que la mayoría de esos sitios parecían casi los restos del naufragio, parecía que la gente se había ido como una amenaza nuclear. Recuerdo que bullía mucho en mi cabeza la idea de Chernobyl. Imaginarme ese espacio como que se habían ido todos los habitantes inmediatamente, porque había muchos objetos y entonces fui recorriendo todo el lugar, y grabando todos esos sitios, y ese era mi primer objetivo. Lo que paso es que de alguna manera empecé a descubrir la vida en presente del edificio, que eran los trabajadores. Ahí hice un pequeño giro en la historia, de los lugares. Los lugares me permitían reconocer el espacio, crear una base de la memoria del lugar, su historia, a la manera de Georges Perec en La vida: instrucciones de uso. Pero de pronto, la vida en presente era muy interesante, ese proceso de transformación con todos esos trabajadores. Me desvié hacia sus vivencias, momentos, que iban surgiendo durante ese proceso.

Como me decían el otro día en una charla en arquitectura, la película evitó de alguna forma caer en esa actitud neorromántica de la belleza de la ruina o de la memoria y como que se centra más en este momento presente, si bien no se pierde de vista esa memoria del lugar y como va desapareciendo. Pero el hecho de centrarnos en los trabajadores, evitó una mirada idealista sobre el edificio.

Y finalmente, es realmente la vida cotidiana en la obra lo que domina el documental: las relaciones entre trabajadores, toda esa diversidad,…

El edificio no se pierde de vista: es el contenedor de momentos, todo está pasando dentro. Yo me puse normas como no salir del edificio, integrarme y moverme libremente por él a la captura de los momentos, de no ver nunca el material para no perder esa idea de documento. De captura del momento y no empezar a caer en una construcción más arquetípica de los momentos que aparecían en la película. Y después no se pierde de vista, en el sentido de que a parte de mi movimiento también está muy presente la destrucción del espacio, casi es el leitmotiv. Tanto en imágenes, cada cierto tiempo volvemos a una pared que tiran o a escombro, eso nunca de pierde. Y además por sonido, siempre estamos oyendo ruidos de destrucción, hasta ese final que es más silencioso.

El edificio es protagonista, pero también contenedor de esos momentos.

Parece en principio que pudiera tener puntos en común con películas como En construcción, que también narra la historia de construcción de un edificio, su memoria, las transformaciones sociales que lo rodean… Pero sin embargo, en esta apenas se sale del propio edificio. Me gustaría preguntarte en este sentido —porque realmente logra transmitir una coyuntura social más allá de la intrahistoria— ¿cómo planteas en la película la relación con el exterior (se oyen noticias, radio, etc…)?

Te podría decir que no me lo plantee a priori, yo estaba como muy centrado en el edificio. Cuando se termina la primera fase de la obra en 2008, yo de hecho me pongo a trabajar en Holidays, mi primera película, y en esa temporada iba cada cierto tiempo al edificio. Igual iba una vez al año igual y grababa algunas escenas, hasta que en el año 2010 tengo conocimiento que el proyecto inicial de reforma se ha suspendido. Evidentemente entonces ya había estallado la burbuja, Lehman Brothers,... y el edificio sigue de alguna forma en la situación que yo lo deje, con ese silencio y esa incertidumbre. Solo la estructura y la fachada. Y ahí es cuando me doy cuenta que de alguna forma, a pesar de yo no haber querido salir del interior, de alguna manera lo que ha pasado fuera se ha colado en el edificio y de alguna forma ese deambular, esas vivencias,... se convierten también en un testimonio de nuestra historia reciente.

Y a eso también me ayudo el contacto que tuve con muchos de los trabajadores, muchos inmigrantes ya se habían vuelto a sus países, sobre todo en el año 2009, otros estaban en el paro. Entonces me puse a descubrir que la película no solo trata de este edificio. Además, que se llama Edificio España.

¿Cómo fue tu experiencia en el rodaje? ¿Cómo fuiste integrándote en la vida cotidiana de la obra?

Piensa que era una obra inmensa... había trabajadores de todo el mundo, asiáticos, paquistaníes (que no es frecuente) africanos, americanos... Durante el tiempo de obra, había un espíritu muy cercano, de compañerismo, de fraternidad casi me atrevería a decir,... no había rivalidad entre ellos, eran un período donde había mucho trabajo y si les echaban de la obra tenían alternativas, y eso creaba mucha cercanía entre ellos. Mi relación con ellos durante todo el proceso fue muy cercana, trate de integrarme en sus rutinas, en su trabajo, ellos me sentían un compañero. Quedábamos después de la grabación, del trabajo, nos íbamos a tomar algo muchas veces. Y ya después fui teniendo relación con algunos, a día de hoy me hablo con 10 por lo menos, con contacto frecuente...

Parece un punto muy interesante de la película el modo en el que se plasma la progresiva precarización y desposesión de los trabajadores, la temporalidad, como va funcionando el mundo del trabajo en el capitalismo contemporáneo. ¿Cómo quieres reflejar esto en la película y cómo crees que se refleja?

Yo creo que eso se ve cuando al final de la película dicen, están todos en el paro, después de todo ese trabajo que casi podemos decir... es un trabajo hasta cierto punto inútil el que han llevado a cabo. Como dice Antonio, uno de los trabajadores, «en ese momento no éramos conscientes de que no estábamos demoliendo un edificio, sino que estábamos demoliendo nuestro futuro de alguna forma». Porque la mayoría de los que estaban ahí estaban motivados por una economía que era la del ladrillo, muchos de ellos les había hecho abandonar sus países, comprar una casa, etc... Y claro cuando eso se cayó pues ya no nos interesa: vuelve a tu país. Y entre medias, como te has comprado una casa, hipotecado, has construido una vida aquí. Como me pasó con uno (Mario, ecuatoriano) que había venido en el año 2000, sus hijas habían nacido aquí en España y en el año 2009 pues tiene que volver a Ecuador porque ya no tiene trabajo aquí. Sus hijas se van antes, y claro en ese momento dado, yo estuve con el día antes de irse, y me cuenta, «me voy muy feliz, porque he logrado vender mi casa, me voy sin la hipoteca». Le angustiaba volver con la hipoteca para allá, los bancos españoles venden la hipoteca a bancos ecuatorianos, y es allí donde lo persigue.

Me parece demencial, son gente que vienen aquí a construir su futuro y de pronto se van con una deuda increíble cuando ya no nos interesa. Y yo creo que eso está en la película en ese momento.

Hombre a mí me interesaba mucho el que muchos inmigrantes estuvieran demoliendo ese símbolo franquista, era una idea que me di cuenta mientras grababa, fíjate que paradójico. De hecho aparece un Franco en la película, y es armenio. Romper un poco esa historia oficial.



Luego también con Herminio, otro guarda jurado que aparece en la película cuando explica ese mural grecorromano como representación del capitalismo...

Curiosamente, ese mural, que yo no hablaría solo del capitalismo, yo hablaría del poder. Creo que es una alegoría del poder, y el edificio no deja de serlo. Yo siempre tenía la sensación al entrar en el hall de edificio, que era muy oscuro, y tenía la sensación de que era similar al Valle de los caídos. Ayer, una profesora de la facultad de arquitectura, me dijeron que el escultor del Valle de los Caídos, Juan Ávalos, que era republicano y fue preso, y después hizo todas estas esculturas del régimen. Es el mismo autor de ese mural.

Se ve muy claro en tu película la ‹‹naturaleza›› del capitalismo, eso que Schumpeter llamó destrucción creativa. Solamente que por esta vez lo destruido se queda en el vacío de esta nueva coyuntura….

Yo creo que eso es muy evidente. Lo que más me interesa es el silencio en el que se queda varado. Después de haber estado escuchando todas las obras, ese ruido incesante, al final hay como un silencio tanto en el recorrido por el espacio como en los propios créditos de la película. Y ese silencio yo creo que es la incertidumbre del momento, es decir, aquí puede pasar cualquier cosa. Este espacio es posible para hacer cualquier cosa. Y a mí me gusta mucho el final, es decir, que quede esa incertidumbre tras todo el ruido y destrucción en el que se pierde el pasado del edificio, hasta que se va el último habitante...

Es muy impactante ese personaje, el ultimo habitante del edificio, que permanece aún entre todo el ruido y jaleo de la obra, que le cuesta concebir una vida fuera de ese espacio, incluso lo piensa como una traición a su mujer...

Claro, a mí me interesaba en esa parte ponernos en otro lado de la película. O sea, durante todo el rato, estamos muy cerca de los trabajadores, incluso en su relación con el espacio, pero de pronto me interesaba al final poner rostro a la memoria del lugar, que solo habíamos visto en objetos. Y de pronto que la demolición de las paredes, estuvieran cargadas de intrahistoria, de vida de una persona. Y por eso está al final. A parte que me parece un momento más allá de lo cinematográfico, es el último habitante del edificio en el instante en el que se va. Este registrado el momento en el que se va el último habitante de la historia del edificio, porque ya a partir de ahora será otra cosa totalmente distinta. 


Para ir terminando, en cuanto a ese final, con las más de 200 horas de grabación, me gustaría preguntarte por el proceso de montaje, buscar de todo ello una idea de película. El otro día me comentabas que tenías unas imágenes muy sublimes del edificio ocupado por rapaces y esqueletos de palomas ocupando el edificio... ¿Qué es lo que buscas en este montaje final que has hecho, cómo crees que a través de la idea de montaje se ha construido la película y porqué te decidiste por esto?

Para empezar a mí no me gusta tampoco hablar de material descartado, yo creo que las 200 horas de material las pongo al mismo nivel. Pero claro, es inviable que la gente vea 200 horas de material, bastante es con que vean 1 hora y media. Entonces a la hora de ir construyendo una película, tienes que ir seleccionando fragmentos. Eso no significa que el otro material no sea válido, de hecho había escenas muy buenas, situaciones o personas que aparecían que al final se fueron cayendo por que se repetían con otras o por la propia composición del montaje

Yo tuve muy claro en el montaje, y esto es para mí muy importante, a la hora de hacer la estructura de que tenía que ser fiel a la actitud con la que había grabado. Yo soy de la opinión de que la actitud es la que marca el estilo, no tiene que ser algo impuesto o estudiado, marcado o recreado. Como por ejemplo creo que le pasa a En construcción, que es una película más puesta en escena, colocado, situaciones dramatizadas. Y yo quise ser fiel a esa idea, por lo tanto teníamos muy claro que la película tenía que componerse a base de momentos, de la memoria del lugar, y por otro lado con esos guardias jurados hablando un poco de la memoria del espacio. Y a partir de ahí iba a ser una película caleidoscópica, o sea, como muchos momentos situaciones e historias y que fuera creciendo en todas las direcciones y con la línea argumental de la destrucción del edificio, que era lo que nunca podíamos perder.

Desde casi el momento en que empieza la obra, hasta el vertedero convirtiéndose en polvo...

Esa es muy bonita, esa imagen, cuando se convierte en polvo, si lo piensas, no se te ocurre mejor, que al final todo se convierta en polvo.

Polvo eres y en polvo te convertirás.



David Prieto Serrano es licenciado en Sociología (Universidad de Salamanca) y Máster en Sociología del Territorio, la Población y las Migraciones (Universidad Complutense de Madrid).




Créditos de las imágenes:

Imagen 1: Edificio España en la actualidad (fuente: Wikimedia)
Imagen 2 y 3: Fotogramas del documental Edificio España (fuente: http://www.edificioespana.es/)
Imagen 4: El Edificio España durante su construcción en 1951 (fuente: José Demaría Vázquez «Campúa»)
Imagen 5: Cartel del documental Edificio España (fuente: http://www.edificioespana.es/)

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