CRÓNICA #IRONIAYSOSTENIBILIDAD (y IV): SÍNTESIS

A continuación podéis leer la cuarta entrega de la crónica de las jornadas Ironía y sostenibilidad. Se trata de una mesa redonda de síntesis sobre todo lo acontecido a lo largo de los tres días que duró el ciclo.También podéis leer las tres anteriores entregas haciendo click en los siguientes enlaces.




Mesa redonda en Ironía y sostenibilidad (fuente: Basurama)

Como colofón de las jornadas Ironía y sostenibilidad, el tercer día tuvo lugar una mesa redonda de síntesis. En ella participaron Carlos Baztán, Coordinador general de Apoyo a la Creación del Área de Las Artes del Ayuntamiento de Madrid;  Antonio Lucio, de la extinta Fundación Movilidad y uno de los vicepresidentes del GBCeIsabel León, también del GBCe; Iván Villarubia, de En Bici Por MadridJuan López-Aranguren, de Basurama; y Jon Aguirre Such, de Paisaje Transversal.

Los ponentes entablaron un debate que abarcó desde el ámbito institucional hasta el del asociacionismo civil, planteando las diversas estrategias desde las que se presenta el reto de la sostenibilidad en ambos mundos.

Así, Carlos Baztán, el primero en intervenir, incidió en la necesidad del aprovechamiento de los recursos existentes, tanto naturales como sociales, y en la mejora de la eficacia de su uso por parte de la Administración. Este cargo público, arquitecto de formación, sentenció que «para crear riqueza no hace falta tener más recursos, sino aprovechar mejor los que se tiene», y definió tres pautas para conseguirlo: la especialización, la concentración y la reordenación. La segunda parte de su intervención estuvo orientada hacia la gestión y el diseño del espacio público como ámbito de convivencia y motor para la sostenibilidad social, y en ella remarcó que «la escena urbana tiene que ser un ámbito de convivencia, de modo que no solo tiene que ser estéticamente excelente, sino éticamente excelente».

Antonio Lucio, por su parte, centró el discurso en las estrategias de movilidad de las grandes urbes, relacionándola con la variable de la velocidad, definiendo la rapidez como «la eficacia logística». Desde esta perspectiva, planteó una distinción entre la vida en las ciudades y en los asentamientos urbanos más reducidos. De las primeras destacó que «tienen gran dinamismo», frente a los entornos «más amigables y lentos» de los segundos. Ante a esta dicotomía abogó por una solución intermedia a través de la cual las metrópolis deberían tender a conjugar la rapidez y la lentitud a partes iguales. Para lograrlo, insistió en la necesidad de reducir la oferta viaria de la ciudad según la variable vehículos/kilómetro, mediante la priorización de los carriles bici y bus y el espacio para los peatones. Una receta con un objetivo claro: cumplir los niveles de contaminación que marca la Organización Mundial de la Salud. Para finalizar, aseveró que «la existencia de bicicletas en una ciudad es un indicio de un profundo saneamiento urbano».


Plano de calles tranquilas de Madrid (fuente: En bici por Madrid)

Como contrapunto a esta visión más institucionalizada de la movilidad, Iván Villarrubia, del colectivo En bici por Madrid, explicó la labor de concienciación que realizan desde su plataforma para fomentar el uso de la bicicleta en la capital. Para introducir esta explicación, defendió la necesidad de la implicación de la ciudadanía en el reto de la sostenibilidad y propuso un uso más eficiente de los recursos a través de la autogestión o el asociacionismo. Y remachó: «Tenemos una excesiva dependencia a que los Gobiernos nos resuelvan los problemas». En este sentido, reivindicó el plano de calles tranquilas de Madrid desarrollado por su colectivo, cuya implantación exige un coste muchísimo menor que la instalación de carriles bici. En un plano más general, puso en tela de juicio el uso que hoy se hace de la sostenibilidad: «Cuando alguien utiliza la palabra “sostenibles” es que te la quiere colar»; criticó la estética de lo verde y evidenció que «el progreso, más que una cuestión de velocidad, es una cuestión de dirección».

Para rematar la faena, Jon Aguirre Such, de Paisaje Transversal, hizo un resumen de los tres intensos días. Era una tarea complicada, qué duda cabe, pero la solventó planteando un paralelismo entre la sostenibilidad y la optimización en el uso de los recursos existentes. A este respecto, trató de tender puentes entre la Administración y la labor que desarrollan los colectivos y las asociaciones civiles, de los que destacó su capacidad para operar desde la escasez y la versatilidad. Alabó la lógica del «hacer más con menos» que rige la actividad de muchos de ellos, lo que les obliga a agudizar el ingenio y plantear soluciones desde la creatividad y la innovación, dos características inherentes a la sostenibilidad.


Podéis ver el vídeo completo de esta mesa redonda en el siguiente enlace:
Vídeo de la última sesión de las jornadas Ironía y sostenibilidad

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