Un sábado cualquiera en la A-1

por Jon Aguirre Such
Fotos: Jon Aguirre Such
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Ayer, sábado 12 de enero, una veintena de participantes en el taller de trabajo “Condiciones Metropolitanas Contemporáneas” nos dimos cita en la estación de Metro de Las Tablas para realizar una excursión a lo largo de todo el corredor de la A-1, lugar elegido para desarrollar las propuestas.






Tras una primera toma de contacto con el entorno pudimos comprobar lo desmesurado que resultaba el dimensionado del viario, la pésima gestión del espacio público, su falta de actividad; una escamante sensación de tranquilidad y sosiego, ese ficticio estado de seguridad producto de las manzanas de acceso restringido (esas con verja y portero), la baja densidad…Sin duda, todos coincidiríamos en esta interminable lista de despropósitos sobre los que se sustenta el crecimiento metropolitano actual. Extenderse en ella exige desplegar un arsenal de tópicos a los que no me gustaría recurrir, bien porque otros ya lo han hecho mejor y con mayor profundidad que la que puedo ofrecer, bien porque un análisis de esas características no es el objetivo que persigue este texto.







Distribuidos en los coches, descendimos por el inmenso boulevard que es la calle Palas del Rey (un parque longitudinal flanqueado por dos vías rodadas de tres carriles para cada sentido en una y uno para ambos sentidos en la otra), hasta alcanzar el límite entre el barrio y la autopista, presidido por una gran rotonda. A un lado el parque con forma de círculos concéntricos, al otro un solar vacío aguardando la construcción de un complejo residencial para mayores. Desde el parque sale una senda ciclista paralela a la A-1, por la que vemos transitar unas cuantas bicicletas mientras estamos merodeando por allí. El parque que preside esta escena es un verdadero sinsentido: anillos de adoquines para el tránsito de los peatones y de árboles intercalados que no permiten la relación al no disponer de zonas más amplias para el encuentro. Al otro lado una carretera desolada separa el parque de un colegio. Ambos elementos están disgregados, sin posibilidad de conciliación. ¿Por qué hacer un parque si no se puede disfrutar de él?







Siguiente parada del itinerario, el centro comercial Hipercor de Sanchinarro. Una mole que preside el inicio de este corredor. La actividad y el tráfico se han intensificado. Coches y más coches giran en la rotonda que hay enfrente l acceso principal de este impresionante mall. Una estrecha gasolinera con auto-lavado y una zona de aparcamiento sin asfaltar –suelo de tierra, llena de barro- completan la escena. Reducción de gastos para desconsuelo de los usuarios, fondo inagotable de beneficios para los el dueño de la estación de servicio. De ahí a Arroyo de la Vega, donde nos espera el catedrático de urbanismo Ramón López de Lucio.







Esta franja de uso terciario de Arroyo de la Vega remata la gran pieza residencial que es la Moraleja. Un ejemplo muy digno para una zona de oficinas. Entorno a un único eje se agrupan los edificios generando un espacio bastante agradable para pasear. Las traseras ofrecen un panorama más desolador. Con acceso desde una de las calles transversales vallado, todo parece indicar que allí se esconde un terreno prohibido, un horror que ha de ser ocultado a los ojos de los esforzados trabajadores para que no les de un ataque de esquizofrenia. No es para menos. Una franja “verde” –sólo hay tierra, nada de hierba- con hileras de raquíticos árboles recién plantados que tratan de maquillar esta lamentable situación. El espacio verde como residuo, como número al que hay que llegar porque asíloexige la ley. Sin cualidades ni calidades, inservible. Al otro lado la vida, la actividad, el trabajo y el ocio. Un centro comercial lleno de restaurantes y con salas de cine se erige en el centro de esta zona de oficinas. Quebrantando aquella ley del marketing que dicta que los comercios tienen que volcarse al interior, unas majestuosas terrazas son el escenario idóneo para abrir terrazas e invitar al usuario que vaya comer, a producir encuentro, a dotar de verdadera publicidad a este espacio ¡Muy bien! ¡Incluso tiene una parada de metro enfrente!




Próxima estación, Plaza Norte 2. El que posiblemente sea el ejemplo de paisaje contemporáneo más significativo se muestra en todo su esplendor. El sábado por la mañana es un buen momento para obtener una inmejorable instantánea sobre cómo es. Resumiendo: el espacio público el coche es el protagonista (al gran aparcamiento central lo llaman “plaza” del comercio). Miles de coches agolpados en un espacio configuran una panorámica de majestuosa belleza, solo comparable al encanto casposo de la decoración kistch interior. Un muestrario de arquitectura histórica –desde los romanos hasta la arquitectura de la revolución industrial, con sus bóvedas y cúpulas acristaladas- actualizada y en versión española (como el famoso casino Caesar’s Palace de Las Vegas pero en cutre, vamos). Un arrebato de ansia consumista se apodera de mí. Desde luego estos espacios cumplen a la perfección su cometido: la banalización de la vida.





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