Hacia una nueva dimensión del paisaje: soportes digitales para la subversión académica

por Jon Aguirre Such

"El estamento académico reprime la enseñanza"
RICARDO AROCA

La paulatina sensibilización de la sociedad sobre el respeto al medio natural es un hecho cada vez más evidente. Cada vez son más las campañas de concienciación promovidas por las autoridades gubernamentales entorno a este tema. Y aunque la efectividad de las mismas resulta, por el momento, ilusoria, palabras como sostenibilidad, ecología o calentamiento global ya forman parte del vocabulario coloquial. Incluso el problema entorno al cambio climático ya ha alcanzado proporciones cinematográficas: tanto el documental “Una Verdad Incómoda” promovido por el ex vicepresidente de los EEUU Al Gore, como la superproducción hollywoodiense de tintes abusivamente catastróficos “El Día Después De Mañana”, han recogido las fatales consecuencias de la despreocupación de la humanidad por la naturaleza. Y, ¡cómo no! esta crisis mundial también ha obtenido el apoyo de los músicos concienciados a través del festival Live Earth[1] celebrado recientemente. Todo ello para generar una ficticia conciencia ecológica que se escuda en lo políticamente correcto para conseguir un doble objetivo: evitar cualquier cuestionamiento de los medios a través de los que se lleva a cabo esta sensibilización y trivializar un problema tan grave como la degradación de la naturaleza hasta convertirlo en un objeto de consumo más: merchandaising oficial y normas de civismo ecológico para sedar la conciencia colectiva. ¡Hasta una conocida marca de coches se jacta de construir coches “más ecológicos”!

Aunque todos estos eventos y otras tentativas planteadas
[2] entorno a esta cuestión fundamental requieran un severo análisis crítico al respecto -del que ya nos ocuparemos en este espacio más adelante-, no cabe duda de que están ayudando a generar una sensibilidad en las masas hacia los problemas ambientales. Después de siglos en los que la humanidad ha dado la espalda a la naturaleza, ahora nos volvemos para contemplar un panorama desolador. Y no parece que exista solución viable: imbuido en una dinámica económica basada en el consumo indiscriminado de recursos y en generar residuos sin control, el poder fáctico del orden mundial cuenta con demasiados intereses para que se produzca un cambio radical. Pero el problema no reside en la dificultad de transformar los sistemas de producción globalizados, ese es un horizonte en el que, más allá de la denuncia y la reflexión crítica, nuestra influencia resulta anecdótica. Más bien convendría centrar nuestros esfuerzos en los numerosos vacíos detectables en esta materia -de menor magnitud, pero de una importancia esencial. De esta manera se podrían asentar las bases de una plataforma desde la que posteriormente combatir activamente todos los despropósitos cometidos desde las altas esferas del régimen mundial. Este artículo no trata de señalar todos esos “agujeros”, nuestros esfuerzos serían fútiles: una tarea así es inabarcable, siempre existirán puntos fuera de nuestro conocimiento. Por eso centraremos el estudio dentro de las dos directrices que van a regir la actividad de Paisaje Transversal: el paisaje y la formación académica.

En el ámbito académico, la sensibilización hacia la crisis ambiental cada vez es mayor. En un vistazo superficial sobre la presencia de este tema en el campo de la enseñanza el balance resulta bastante positivo: congresos, jornadas, conferencias… entorno a un concepto, la sostenibilidad (¡bendita palabreja!) cada vez son más habituales en la agendas universitarias. Sin embargo, al profundizar en esta cuestión se observa como este sistema se muestra tremendamente ineficaz para alcanzar sus objetivos de concienciación y, sobretodo, de formación. Mientras los expertos se ufanan con sesudas teorías sobre la sostenibilidad, el mensaje se diluye en los oídos de la audiencia por lo críptico de sus formas. En el caso del alumnado la situación se agrava: carente del grado de expertización necesario para tratar este tema, la universidad tampoco proporciona un marco adecuado en el que desarrollar su formación a este respecto. En efecto, el ámbito académico no ha instituido ninguna plataforma en la que el alumnado pueda comenzar a reflexionar sobre temas de verdadera relevancia para el futuro. Estas cuestiones sólo se discuten en los foros especializados herméticos ante la acción o la reflexión de los estudiantes, quienes son concebidos como carne adocenada. De esta manera se coarta no sólo cualquier conato de reflexión (inexistente entre los alumnos), sino el interés por cualquier cuestión relacionada con el entorno ecológico.

En el caso concreto del paisaje la situación se agrava. La presencia de esta materia en los planes de estudio es insignificante y, de hecho, la formación de paisajista no está reconocida en España. Además el recelo con el que los arquitectos contemplan las acciones multidisciplinares –que ven en este tipo de prácticas un peligro incipiente para el mantenimiento de sus competencias- ha impedido que se establezca una pedagogía adecuada para poder profundizar en la práctica del paisajismo: actualmente no existe en España ningún master sobre esta materia. Este hecho unido a la falta de foros de debate vinculados al alumnado, así como a la nula presencia de éste en los debates institucionales, pone en peligro el desarrollo de propuestas eficaces que combatan los avatares de la evidente transformación del medio natural. Por eso, Paisaje Transversal se ofrece como lugar para la reflexión y la acción, en el que alumnos, profesores y profesionales relacionados (o no) con el paisaje puedan expresarse y relacionarse con total libertad.

En un momento en el que las redes tecnológicas han permitido la proliferación de medios desde los cuales fomentar la expresión individual, resulta significativo que la enseñanza universitaria no se haya hecho eco de las infinitas posibilidades que ofrecen soportes digitales como youtube, los blogs personales o, incluso, myspace. Y no se trata ya de una incapacidad técnica de adaptarse a este (no tan) nuevo mundo de posibilidades, sino más bien de cierta cerrazón para poder plantear alternativas eficaces de cara a la formación del alumnado. En este sentido, el nacimiento de Paisaje Transversal tiene un efecto doble. Por una parte evidencia la falta de interés por parte de las instituciones por establecer herramientas de reflexión y acción adecuadas a los tiempos que corren. Por otra, trata de cubrir un hueco fundamental en el panorama académico: un lugar en el que se democratiza la reflexión y todo el mundo puede participar. Aquí se pretende debatir sobre temas relacionados con el paisaje de manera igualitaria y respetuosa, sin que la condición de los participantes coaccione la relación entre ellos y sin juicios de valor que cuestionen la pertinencia de lo que aquí se exponga. Llegados a este punto, conviene hacer dos aclaraciones en referencia a las tesis sobre las que se erige este foro.

EL PAISAJE, PUNTO DE PARTIDA
Como ya se indicó en el artículo inaugural publicado en Junio, Paisaje Transversal es un espacio en el que debatir temas referentes al paisaje. Ante la dificultad de establecer una definición concreta que abarque de manera simultánea los aspectos generales y específicos del término, es conveniente establecer ciertos parámetros a los que deberán circunscribirse las participaciones que aquí pretendemos recoger.

Uno de los primeros escollos que podemos encontrar cuando de hablar sobre el paisaje se trata es que éste concepto no puede ser contemplado desde un punto de vista unificador. Actualmente el paisaje ha pasado de ser un género pictórico a objeto de estudio de numerosas disciplinas. En las últimas décadas se ha convertido en foco de interés para ingenieros, filósofos, antropólogos, biólogos, geógrafos, historiadores, técnicos ambientales, urbanistas…De modo que ya no resulta viable afrontar los retos paisajísticos desde una perspectiva única y excluyente. No obstante esta realidad no convendría que fuese interpretada como un obstáculo, sino como una oportunidad para desarrollar una metodología de pensamiento adecuada a la problemática del paisaje contemporáneo.
La multiplicidad de acepciones -derivadas de ese interés multidisciplinar- que se han propuesto para el paisaje podemos reducirlas a un denominador común: información
[3]. Por consiguiente puede establecerse que el paisaje es toda aquella información que el ser humano recibe del medio físico en el que habita. No obstante esta definición no resulta del todo completa. El paisaje no aparece de facto ante el ser humano, no lo conforman solamente los objetos que nos rodean, hay algo más. Reducir el paisaje a los elementos físicos o los accidentes geográficos que componen el medio natural o artificial que habita el ser humano es una confusión semántica y conceptual. Las montañas, ríos, árboles, rocas, edificios o animales constituyen ese medio físico comúnmente tienden entenderse por paisaje cuando en realidad al conjunto de estos componentes se los designa como paraje. Este error encierra en sí un desajuste conceptual importante: para que el paraje traspase su estatus de realidad física y alcance el rango de “construcción cultural” de paisaje es imprescindible la acción interpretativa del hombre[4]. Esto es: el paraje pasa a ser paisaje cuando el hombre reflexiona sobre él. Así el paisaje puede contemplarse como un objeto intelectual al cual sólo se accede a través de la reflexión o la interpretación. Para que esto ocurra es necesario que entre la diversidad de elementos que se ofrecen a la contemplación exista “trabazón”, algo que produzca el estímulo poético en la persona que los observa. En este sentido, el pensamiento poético es una herramienta fundamental en la interpretación del medio natural ya que nos proporciona el impulso necesario para desvelar las fuerzas ocultas que configuran el paisaje y, en definitiva, es lo que inspira la reflexión, interpretación y acción paisajista. A modo de síntesis podemos aventurarnos a establecer una idea de paisaje sobre la que trabajar de ahora en adelante. De este modo el paisaje se concibe como el medio físico (natural o artificial) debidamente trabado que contemplado por el ser humano produce en este un impulso (poético) capaz de generar una reflexión, pensamiento o acción. Por consiguiente el concepto paisaje ofrece un marco incomparable en el que establecer unas pautas de pensamiento y desarrollo comunes a todas las disciplinas en él implicadas.

PARTICIPACIÓN DEMOCRÁTICA
Una vez concluido que la existencia del paisaje está supeditada a la capacidad reflexiva del individuo, el siguiente paso es admitir esta cualidad en cualquier individuo. Esto viene a suplir la imperiosa necesidad que el ser humano tiene para expresarse. De este modo Paisaje Transversal propone un campo de pensamiento amplio en el que todo el mundo pueda participar. En un momento en el que, gracias a los soportes digitales mencionados, se ha dado un vuelco importante al concepto de creatividad, convendría no dar la espalda a este amplio espectro de posibilidades que el entorno telemático nos ofrece.
Bajo este enfoque pretendemos participar de la creatividad individualizada que han generado las plataformas digitales e instaurar un lugar de encuentro en el que no se requiera un nivel de erudición para participar, sino simplemente sea necesario plasmar sobre la pantalla del ordenador todos los pensamientos que se produzcan a raíz de reflexionar sobre el paisaje. Un foro abierto en el que todas las ideas sean bienvenidas, pero que también pueden ser debatidas y rebatidas. Un espacio que fomente la transferencia de información y que ayude a concebir un caldo de cultivo intelectual común a través del cual proponer tentativas para los problemas venideros entorno al medio físico.


Jon Aguirre Such es estudiante de quinto curso de Arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid (ETSAM)
[1] Irónicamente uno de los dos patrocinadores oficiales del festival es smart, una marca de coches que, por su reducido tamaño y prestaciones, ha sido ideada para fomentar el uso del automóvil por la ciudad.[2] La comercialización del “bio-diesel” obtenido de los cereales supondrá un encarecimiento de dicha materia prima haciendo que este bien sea inalcanzable para los habitantes de países con economías poco desarrolladas.[3] G. BERNALDEZ, FERNANDO. Ecología y Paisaje. H. Blume Ediciones, Madrid, 1981[4] MADERUELO, JAVIER. El paisaje. Génesis de un concepto. Abada Editores, Madrid, 2005


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4 comentarios:

  1. Le están echando la culpa a la industria del biodiesel por la subida de precios del cereal (que se está notando en Italia y en España). Esto es una falsedad bastante grande, en estos momentos es una industria minoritaria. En el futuro ya se verá, desde mi punto de vista, la complementación de fuentes de energía: nuclear, eólica, solar, biodiesel... es la mejor opción.

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  2. Another thing... Siempre habrá gente dispuesta a darle la vuelta a la tortilla, pero no por ello hay que dejar de llevar a cabo educación ambiental, además que lo digan la comunidad científica (ese extraño ente separado de la sociedad) no es lo mismo que lo diga un vicepresidente de los Estados Unidos de América.

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  3. Yo no reniego de la educación ambiental, de hecho creo que es absolutamente necesaria. Simplemente cuestiono los procedimientos a través de los que se está llevando a cabo. Creo que, como indico en el artículo, a los alumnos se nos ha apartado de los foros de debate e investigación y no se ha establecido un marco adecuado para comenzar a reflexionar acerca de algo vital como es el medio natural y la crísis que está padeciendo. Por otra parte, en referencia al tema del Bio Diesel, simplemente quería llamar la atención sobre este tipo de tentativas, que en principio parecen la solución definitiva pero en realidad siempre suelen guardar una cara oculta que conviene también tener en cuenta. Finalmente, estoy totalmente de acuerdo en que es necesaria una mezcla de los diferentes fuentes de energía no contaminantes en un futuro. La diversidad es uno de los horizontes imprescindibles.

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