[espacio exposiciones de la ETSAM]
INAUGURACIÓN EL 27 DE FEBRERO A LAS 12.30 EN EL SALÓN DE ACTOS DE LA ETSAM

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INAUGURACIÓN EL 27 DE FEBRERO A LAS 12.30 EN EL SALÓN DE ACTOS DE LA ETSAM

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por Paisaje Transversal
El vídeo que podéis ver a continuación corresponde a la segunda parte de la charla impartida por Francisco Jarauta - catedrático de Filosofía en la Universidad de Murcia- durante la cuarta jornada del taller de trabajo "Condiciones Metropolitanas Contemporáneas", celebrada el 17 de Enero de 2008 en la ETSAM. El vídeo está dividido en seis partes.
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Fig. 1 y2. Figura contra fondo. Paisajes figurativos. Bodegón de F. de Zurbarán y Planta de ciudad preindustrial
Carlos Martí (1999, p.57) apunta en este mismo sentido cuando afirma que “la ciudad ya es no un artefacto delimitado y concluso, un objeto autónomo circundado por la naturaleza, sino que, sometida a un proceso de expansión constante, es ahora una realidad inabarcable y mutante, cuyos límites se han hecho imprecisos y borrosos”. Veamos cuáles son las claves de las nuevas estructuras urbanas:

Fig. 5 y 6. Todo Figura y todo fondo. Action painting de Jason Pollock (1965) y fotoplano de Disneyworld en Orlando (Florida)

Fig. 12.Elementos de la estructura del territorio. Ejemplo de interpretación de una sección del Valle del Río Bormida en Millesimo, Liguria, Italia. (Workshop Millesimo 2007 Universidades de Génova. Alcala, Coimbra y Grenoble)
2.1. El espacio de los lugares.
Es el espacio tradicional, accesible para las personas, dominable y apropiable por los individuos, donde la posibilidad de presencia permite (en términos kantianos) la posibilidad de coexistencia. Está basado en la geometría euclídea, la percepción fenomenológica regida por las leyes clásicas de la perspectiva, y en él funcionan los mecanismos de apropiación espacial, colonización, gradiente público-privado, etc.
Aunque cada vez es más difícil (y quizá menos operativo), todavía es posible distinguir dos grandes categorías de lugares: los territorios naturales (definidos fundamentalmente por sus características abióticas y bióticas no antrópicas- vegetación y fauna-) y los territorios antropizados, en mayor o menor grado, con un amplio gradiente que va desde las categorías tradicionales de los territorios o paisajes rurales a los distintas formas de urbanización del territorio o formas de crecimiento urbano (desde el disperso rural al núcleo histórico a los polígonos de bloque abierto o al suburbano). Para leer estos territorios antropizados en cada caso concreto se debe atender al cruce de las dinámicas morfogenéticas que los han originado con los procesos de Urbanización (entendida como definición de la red), Parcelación (entendida como definición del mosaico) y Edificación (U+P+E) establecidos por M. Solá Morales (1997).
2.2. El territorio red.
“Se define como topología de redes la estructura formal del conjunto de puntos creada por la existencia de relaciones. Los puntos, origen de las relaciones, y las líneas, signo de su materialización, conducen a la consideración de una topología propia de cada red, expresada instrumentalmente a través de la teoría de grafos” (M. Herce y F. Magrinyá, 2002, p.30). “Las redes están generadas por la existencia de relaciones entre los puntos, pero la característica reticular esencial es que las relaciones se expresen a través de los flujos, sean de transporte, de información, o de energía. Estas se manifiestan materialmente a través de las infraestructuras físicas de las redes” (op. cit, p. 29).
El espacio red es un espacio vectorial, conectivo, donde priman las características topológicas frente a la geometría euclídea, la unidireccionalidad frente a la tridimensionalidad del espacio de los lugares. Es un espacio unifuncional donde sólo se circula, en base a código pautado. Es un espacio inaccesible para las personas como tales, que sólo pueden participar en el mismo (circular) como sólidos en movimiento dentro de máquinas, con una velocidad de desplazamiento que altera los parámetros perceptivos del espacio tradicional, introduciendo nuevas reglas de visión cinética, secuencias, etc (K. Lynch).
Entre sus propiedades, destacan la tendencia hacia la homogeneidad y la isotropía; a pesar de lo cual el despliegue real de las redes sobre un territorio concreto provoca una fortísima anisotropía: primero, estableciendo diferencias trascendentales entre puntos conectados y no conectados (efecto túnel, barrera, hiperconexión, etc.), segundo, porque al desplegarse sobre un territorio no vacío (en absoluto isótropo, sino condicionado por su medio físico y su sistema de asentamientos), se adapta desde la idealidad a la concreción geográfica e histórica de un territorio, induciéndolo de forma diferencial.
Las redes del espacio red pueden agruparse en dos grandes categorías[7]:
-Las redes de nodos hiperconectores, como los aeropuertos o el metro, redes cuyas líneas conectivas son irrelevantes espacialmente y de las cuales sólo tienen trascendencia los nodos.
-Las redes de circulación, compuestas a su vez, por canales de flujos y nodos, en las que las líneas tienen una presencia importante, por un lado como barreras, por otro como polarizadoras. La función de los Canales de Flujos (en adelante CCFF) consistiría en suministrar materia, energía e información a los organismos urbanos, donde esta se almacena y consume[8] para permitir el metabolismo de estos artefactos urbanos y sobre todo sostener el funcionamiento de las máquinas de acumulación económica mediante la transformación de esos recursos materiales y energéticos, con el concurso de la información concentrada en los territorios urbanos.
Podemos dividir los CCFF en canales exclusivos y especializados de materia y energía para el metabolismo urbano, que denominamos Canales Metabólicos, y Canales de Transporte.
Los Canales Metabólicos y las Máquinas de Metabolismo urbano.
Como señalaba J. M. Naredo, los requisitos necesarios para el funcionamiento metabólico de la ciudad implican la existencia en otros territorios que actúen como ‘áreas de apropiación y vertido’ de los recursos de los cuales la ciudad carece. Estas relaciones parasitarias son reticulares y pueden entenderse en términos de líneas o canales y nodos o máquinas de metabolismo. Así podemos hablar de Generadores y Máquinas de Apropiación de materia y energía (pantanos, centrales térmicas, nucleares, parques eólicos, canteras, etc.) que actúan como extensiones tentaculares de la ciudad hacia los territorios que depreda. Por otro lado, la necesidad de manipulación de estos flujos supone también la existencia de Máquinas de Combinación, Almacén o Manipulación de materia y energía (ERM de gas, ETAP, subestaciones eléctricas,etc.); y por último, la necesidad de expulsión de los vertidos de la ciudad fuera de su entorno (sobrepasado en su capacidad de carga) se materializa en las Máquinas de Vertido, tales como los vertederos, los emisarios, las depuradoras, las plantas incineradoras, etc.
La conexión entre estas grandes máquinas de apropiación y vertido para suministrar la materia y energía requerida por el metabolismo urbano se realiza mediante canales exclusivos y especializados por los cuales sólo circulan exclusivamente flujos de un mismo tipo, como las redes de abastecimiento de agua, saneamiento, red eléctrica, gasoductos, oleoductos, etc.
Los Canales de Transporte.
Los canales de transporte como las autopistas, vías férreas, carreteras, etc., son canales versátiles, no exclusivos, en cuanto a los flujos que pueden circular por ellos (recursos humanos, materiales y energéticos), siendo especialmente significativos como soporte de la movilidad de recursos humanos y personas por el territorio, portadoras en definitiva de información y know how, inputs imprescindibles para las condiciones en que se desenvuelve actualmente la acumulación y fundamentales para la integración de los mercados de trabajo y consumo metropolitanos.
Como señala F. Ascher (2004), estos canales han sustituido el concepto de proximidad por el de accesibilidad: “la proximidad, que fue uno de los principios de la ciudad y uno de los elementos determinantes de su potencial económico y cultural, ya no precisa contigüidad”. Así, la aglomeración relacional, la tele-aglomeración o la dispersión concentrada se convierten en las claves funcionales del sistema metapolitano (F. Ascher, 2004) al permitir el funcionamiento integrado de un sistema que espacialmente es discontinuo, fragmentario y disperso.
Estos CCFF caminan conceptualmente hacia la simultaneidad (mediante la aceleración en términos de P. Virilio, que implica transformar en hiperconexiones las conexiones ya existentes) y la ubicuidad, pues la red física de canales de transporte tiende a ser cada vez más invisible (en términos conceptuales, que no visuales) ya que no puede hacerse inmaterial por su propia naturaleza. En la actualidad, los desplazamientos ‘se miden’ en términos temporales y no espaciales, anulándose el interés del desplazamiento en sí, y pretendiendo hacer desaparecer el espacio intermedio en favor de las terminales o puertas de origen y destino: el resto es ya sólo tiempo, tiempo que hay que ocupar convenientemente. El espacio se quiere hacer tiempo [9].
Los CCFF tienden también a ser convertidos en canales hiperespecializados de transporte, suprimiendo el resto de funciones no relacionadas con el transporte que puedan interferir con ésta; lo cual les diferencia radicalmente respecto de la calle corredor tradicional, soporte de múltiples funciones además del transporte. Ahora se trata de optimizar al máximo su función haciendo abstracción de todo aquello que no sea la propia lógica del itinerario: los canales son sólo espacios funcionales para llegar a algún lugar, pero no son lugares en sí mismos; apareciendo completamente desvinculados de los lugares y paisajes que atraviesan.
La forma funcional óptima de los CCFF busca una mejor circulación de los flujos y una mayor autonomía e independencia en los desplazamientos. Esta forma ya no es la de una red topológicamente jerarquizada como lo fue la red radial o radioconcéntrica de las viejas áreas metropolitanas fordistas, sino una retícula, mallada e isótropa, con una autosimilaridad fractal y una jerarquización estructurada de las líneas de conexión (canales de primer orden, de segundo, etc).
Pero paradójicamente, estas redes isótropas sólo garantizan y posibilitan la circulación homogénea de flujos por el territorio, no la isotropía de éste. La lógica del transporte incrementa las discontinuidades, y los canales suponen fuertes barreras territoriales que implican la inaccesibilidad y la falta de permeabilidad transversal, mientras que las estaciones o los puntos de parada a lo largo de los canales concentran la accesibilidad, multiplicando y polarizando el desarrollo urbano en torno a los lugares de intercambio y/o acceso, vaciando o desvalorizando los territorios intersticiales.
Por ello, el territorio es -hoy más que nunca- discontinuo o no homogéneo, sobre todo en términos significativos o cuantitativos: aparecen vacíos, intersticios junto a áreas que concentran la intensidad y absorben la mayoría de los flujos. La anisotropía es especialmente patente en cuanto a la distinta capacidad de atracción del territorio: en este sentido, la potencia atractiva de algunos canales excita al territorio sobre el cual discurre, induciendo al desarrollo de éste, fenómeno que denominamos polarización; mientras otros canales tienen un efecto repulsivo, actuando como bordes o fronteras.
De las intersecciones de los CCFF a los Intercambiadores.
Los nodos de las redes de circulación de flujos sólo resultan significativos en el caso de que permitan el intercambio de flujos (por ejemplo: un nudo de autopista, por permitir el trasvase entre una red secundaria y una primaria; o un intercambiador urbano que permite los intercambios entre autobús, metro, coche y flujos peatonales) o su manipulación, reduciéndose al papel de meras intersecciones en caso contrario (cruce de vías de tren, cruce de autopistas a distinto nivel, etc.).
Si los canales de las redes de transporte tienen capacidad de excitación sobre el territorio, ésta se multiplica en torno a los Nodos de Intercambio, terminales, entradas y salidas que permiten el intercambio modal en los desplazamientos personales, el transvase entre los distintos canales, y, sobre todo el trasbordo entre el espacio red y el espacio de los lugares, pues es aquí donde los cuerpos en movimiento de los CCFF recuperan su movilidad natural. A estos puntos - puertos, aeropuertos, estaciones de tren y metro, etc.- les denominamos intercambiadores y se han convertido en las nuevas puertas conceptuales de la ciudad con una fortísima potencialidad urbana.
2.3. El campo rizomático de los flujos inmateriales.
En los últimos años se ha extendido la cobertura del campo rizomático de los flujos inmateriales, que permite (sin apenas infrestructuras visibles, y gracias a sofisticadas tecnologías de emisión y recepción) el acceso a una serie creciente de contenidos que antes eran patrimonio exclusivo de lo urbano. Aunque en ocasiones se ha anunciado la disolución de la urbanidad al estilo de las utopías de Superstudio como consecuencia de este despliegue del campo rizomático, en realidad más allá de su evidente contribución a la dispersión, sus efectos son culturales; pues contribuyen a la extensión de lo urbano en términos de F. Choay, mediante la urbanización de la conciencia, vaciando al mismo tiempo de contenidos al espacio urbano, tradicional espacio de almacenamiento e intercambio de la información y la cultura.
2.4. Los espacios inciertos.
Los bordes, las zonas de fricción y contacto entre el espacio de los lugares, los canales y nodos del territorio red, etc. son espacios inciertos, zonas borrosas, donde las definiciones han de ser mestizas, híbridas. A pesar de esta indefinición consubstancial a su naturaleza, pueden descubrirse también varias categorías de espacios inciertos: alvéolos o espacios atrapados entre las infraestructuras, barbechos especulativos en las periferias metropolitanas, bordes y barreras lineales, intrusiones puntuales. Frecuentemente, estos espacios inciertos constituyen ámbitos privilegiados para la reinvención y el proyecto de la ciudad contemporánea.
Eduardo de Santiago Rodríguez es Doctor Arquitecto por la Universidad Politécnica de Madrid y profesor asociado en el Departamento de Urbanística y Ordenación del Territorio en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Alcalá de Henares
Bibliografía citada.
Ascher, Frederic. Los nuevos principios del urbanismo. Madrid, Alianza Editorial, 2004.
Choay, Françoise. Le régne de l’urbain et la mort de la ville. París, Catálogo La Ville, Centro G. Pompidou, 1994.
Eizaguirre Garaitagoitia, Xavier. La construcción del territorio disperso. Taller de reflexión sobre la forma difusa. Barcelona, Edicions UPC, 2001.
Font, Antonio, Llop, Carles, y Vilanova, Josep María. La construcció del territori metropolitá: Morfogènesi de la regió urbana de Barcelona. Barcelona, Ed. Mancomunidad de Municipios Metropolitanos de Barcelona, 1999.
Herce, M., y Magrinyá, F. La ingeniería en la evolución de la urbanística. Barcelona, Edicions UPC, Arquitext 28, 2002.
Naredo, José Manuel. Ciudades y crisis de civilización. Revista Documentación Social, nº 119, Cáritas Española, 2000.
Solá Morales i Rubió, Manuel. Las formas de crecimiento urbano. Barcelona, Edicions de la UPC, 1997.
Veltz, Pierre. Mundialización, ciudades y territorios. Barcelona, Ariel, 1999.
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[1] O todo es ciudad. Es la misma idea de F. Choay (1994) cuando afirmaba “la ciudad ha muerto, viva el reino de lo urbano”.
[4] En un proceso, como en la metamorfosis de un lepidóptero, no existen sino momentos, sucesiones. Ni siquiera es muy significativa la diferenciación formal entre estructura radioconcéntrica y mallada (y menos en un caso como el madrileño en el que la malla deriva de una estructura radial previa), aunque sí lo sea entre el sistema de relaciones y jerarquías verticales que se establecían con una estructura radial y la transversalidad-horizontalidad que introduce una retícula, aunque esté deformada por una anamorfosis.
[5] “Así, este aumento, significativo de la velocidad de comunicación crea un ‘efecto túnel’, por el que se hace posible que un nodo pueda establecer relaciones con otro nodo que esté situado a una gran distancia, sin mejorar sus conexiones con otro nodo contiguo, dando origen a relaciones traslocales frente a las tradicionales locales”. M. Herce y F. Magrinyá (2002, p.11).
[6] Herce y Magrinyá (2002, p.8) recogen así la idea de Braudel “la ciudad debía controlar una superficie agrícola periurbana, cuya importancia dependía directamente de la población urbana a que podía alimentar; la autonomía urbana no se podía asegurar más que por el dominio de la producción agrícola de los alrededores y por el control de las vías que conectaban la zona agrícola con la ciudad”.
[7] División que corresponde a dos modos distintos de inducción del territorio: los nodos hiperconectores lo inducen en torno a puntos, las redes de circulación (canales y nodos) en torno a puntos y líneas.
[8] En este sentido es importante recordar la idea introducida por F. Ascher de la ciudad como máquina de almacenamiento o concentración de bienes (b), información (i) y personas (p), lo que denomina ‘bip’.
[9] La consideración del viaje como intervalo temporal y no como desplazamiento espacial a través de una serie de lugares, fue inaugurada por Phileas Fogg en la “La vuelta al Mundo en 80 días”, que puede considerarse como el primer viaje moderno. Como escribe Julio Verne (1873; Edición inglesa, 1994, p.35) “he was not travelling, he was merely describing a circumference. He was a solid body moving through an orbit around the terrestrial globe, in obedience to the laws of rational mechanics”. Phileas Fogg –un personaje literario- habría sido el primer habitante de la ciudad basada en el tiempo, no en el espacio.